CAMBIANDO REALIDADES

25 02 2010

CAMBIANDO REALIDADES
– Marintaler en Nettby


De mi anterior diserción (“SI NO DUDO, ¿CÓMO SABRÉ QUÉ ES CIERTO?”, 23.02.

Thursday, 25 de February de 2010, 10:39, lecturas: 5 – marintaler 52

2010) suele destacarse, a mi entender y bajo propio prisma crítico constructivo, que lo allí comprendido no es más que determinismo y racionalismo puro, que ha sido desechado por la Ciencia porque coacciona la Libertad. Lo cual significa que, siendo la excepción que confirma la regla, es nuestro camino a seguir en esta selva de información.

Podemos leer mucha literatura exitosa, escuchar audios del mismo ámbito e incluso fijarnos en las discusiones que sobre el tema acucian, pero lo más importante de todo ello es fijar metas que nos hagan descubrir nuestra realidad.

Nuestra realidad, no son realidades; así como las realidades no son realidad. De toda la parafernalia hasta ahora investigada, estudiada o analizada, cuando hemos pasado con creces el equinoccio de la información procesada y estudiada hasta el más mínimo detalle, podemos contrastar que tiene, a mi entender, dos grandes escisiones:

1) FALSA REALIDAD.- Cuando nos hablan de poner un cheque en blanco a nuestro favor con la cantidad que deseemos, aunque consigamos dicha cantidad, significa que estamos falseando nuestra realidad.

2) SOMOS LOS DEMÁS.- Cuando nos dicen que debemos fijarnos en las personas exitosas para emularlas y, teniendo en cuenta toda la potencialidad de la que es capaz nuestro cerebro y que hemos comprobado en anteriores lecturas expuestas en CLUB DEL EXITO relacionadas con dicho órgano, hemos de llegar a la conclusión que cuando canalizamos nuetra energía en las personas exitosas para “ser como ellas” estamos perdiendo la capacidad al 100% de ser nosotros mismos y encontrar nuestro propio camino; mejor o peor, pero nuestro propio camino y edificar sobre nuestras propias bases que, para nosotros y a nuestro entender, pueden ser más sólidas para nosotros al tratarse de bases nuestras y no de los demás.

Enlazando estos dos puntos con el tema que nos ha traido hasta aquí hoy, entendemos ahora mucho mejor nuestra posición: en primer lugar, hallamos nuestro propio camino al éxito; y, lo que es más importante, descubrimos nuestro propio mundo que, aunque relativo o al azar, conforma nuestra existencia.

Bien es cierto que el azar o lo relativo, siempre será un camino al azar o relativo cuando, al centrarnos en un “Punto” vemos que se diversifica en varios “Puntos” más y cada uno de los diversificados crea en sí mismo una masa exponencial de “Puntos” infinitos y, por tanto, dispersamos nuestra concentración. De ahí el determinismo o racionalismo de nuestra teoría.

Ahora bien, el determinismo y el racionalismo son primos hermanos del reduccionismo, del nihilismo y del innatismo. Términos todos éstos de Filosofía Moderna y la Física Clásica, entre ellos Locke, Freud, Hume, Descartes, Laplace, Bacon… aplicables al campo de la Lógica, Matemática, Física…; que nos viene a decir, en suma, la restricción a sistemas mecánicos con un número finito de grados de libertad y variables de posición y cantidad de movimiento en sistema de ecuaciones diferenciales como son las variables de estado de cada “Punto” en cuestión.

En otros términos, viene a decir que la formulación matemática de la mecánica clásica pasa por un sistema completamente determinado en un instante en función de su movimiento y velocidades de un sistema finito de “N” (partículas) o “P” (puntos), en los cuales el espacio euclídeo tridimensional da lugar a un cuarto espacio configurado por nuevas partículas o puntos finitos que, indirectamente, en su totalidad en el tiempo destellan infinitos puntos o partículas. Lo que impone las posiciones y velocidades futuras mediante sistemas vectoriales que proporcionan las posiciones de las partículas en cualquier instante de tiempo mediante ecuaciones generales denominadas “ecuaciones de movimiento” que se manifiestan de forma diferencial relacionando magnitudes y sus derivadas que se obtienen por integración, una vez conocida la naturaleza física del problema de cada “Punto” y sus condiciones iniciales.

En otras palabras, lo que para Newton era todavía un supuesto implícito en la mecánica clásica, se convierte con Laplace en doctrina como único método capaz de descubrir la realidad tal cual es. Es decir, el objetivo en un “Punto” no es precisar el estado de un sistema de “Puntos” sin más, sino además, partiendo de un estado dado de un “Punto”, predecir y definir unívocamente cualquier estado posterior del mismo sistema de “Puntos”. Es por lo que se rigen los Sistemas Solares.

“Debemos considerar – decía Laplace- el estado presente del Universo como el efecto del estado anterior y como la causa del estado que le siga. Una inteligencia que conociera todas las fuerzas que actúan en la Naturaleza en un instante dado y las posiciones momentáneas de todas las cosas del universo, sería capaz de abarcar en una sola fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes y de los átomos más livianos del mundo, siempre que su intelecto fuera suficientemente poderoso como para someter a análisis todos los datos; para ella nada sería incierto, y tanto el futuro como el pasado estarían presentes a sus ojos”.

Esta fe en el método y en sus resultados y la consiguiente aceptación de la determinación de los sucesos naturales no pudo ser destruida ni por la teoría de Maxwell, que tiene que explicar fenómenos donde sólo ayudan las leyes estadísticas, ni por la teoría de la Relatividad de Einstein en la que ya no queda fuera del sistema estudiado el observador, pero que su intromisión no supone una perturbación esencial de las leyes determinantes de lo real.

Muchos son los trabajos publicados referentes al tema de la crisis del determinismo, sin especificar que lo que estaba en crisis no era el determinismo en general, sino el concepto de determinismo que imperaba en la Ciencia. Al querer defender, por ejemplo, el determinismo que resulta de admitir el principio de causalidad, han pretendido ciertos filósofos y científicos asegurar posiciones en realidad no atacadas por la Ciencia moderna, que sigue siendo fiel a sus límites y que habla, como la clásica, únicamente de su objeto. No es, pues, el principio de causalidad lo que está en crisis, sino el objeto mismo de la Ciencia al verse enriquecido por dimensiones, hasta ahora no tenidas en cuenta, y salir de su aislamiento. Por consiguiente, el defender el indeterminismo en la Ciencia no implica la defensa de la libertad o de conceptos semejantes. La Ciencia moderna, representada aquí por la Física cuántica, no pretende resolver problemas del espíritu, como son la libertad o el destino humano; su innovación consiste, precisamente, en desligarse cada vez más de los supuestos metafísicos de que partía la Ciencia clásica, devolviendo las cosas a su sitio y procurando no eliminar lados del problema, sino acatarlos tal cual se presentan.

Aunque existen diversas interpretaciones de la Mecánica cuántica la mayoría de ellas aceptan que existe uno o varios factores aleatorios intrínsecos en la teoría por los cuales no existiría determinismo como en el caso de la mecánica clásica. En especial, en la reducción o colapso de la función de onda expansiva relacionado con el problema o sistema de “Puntos” en la medida que se cree que podría ser un proceso donde interviene el azar de manera insoslayable. Recientemente han aparecido trabajos que sugieren que la mecánica cuántica podría ser determinista, sin embargo, esta posición no es la preferida actualmente en mecánica cuántica. Por tanto, nuestro camino es el “sistema de puntos”.

Las complicaciones relacionadas con el problema de la medida o “Sistema de Puntos”, el entrelazamiento cuántico, el teorema de Kochen-Specker y otros resultados paradójicos desde el punto de vista clásico, han llevado a algunos pensadores y físicos a trabajar en un modelo de ciencia en el que no se asuma directamente que sus fórmulas sean el reflejo exacto de lo real, ni que asuma que el mundo es tal cual se le muestra en el experimento. La mecánica clásica admitía, prácticamente, dos componentes epistemológicos:

1. La relación existente entre los datos empíricos y los postulados de la teoría, que, por creerse en principio y por aproximación adecuados, no creaban mayores problemas;
la interpretación a dar al concepto de probabilidad (concepto que tiene que admitir de mal grado), que se resuelve aplicando la teoría del error, según la cual el experimento (que da valores promedios) se interpreta como un caso límite, donde, a pesar de todas las imperfecciones de experimentación y observación puede aparecer comprobada la teoría.
Pero olvidaba un tercer componente al pretender aislar el objeto en cuestión; esto es, olvidaba la repercusión del experimento en el objeto estudiado. La novedad de la Mecánica cuántica consiste, principalmente, en tener en cuenta este componente, dándole importancia capital.

Lo anterior significa, que el observador entra ya, con la teoría de la Relatividad, a formar parte del sistema en cuestión. Pero Einstein no quiso jamás reconocer que ese «estar dentro» modificara lo más mínimo el pensar tradicional determinista de la Ciencia, según el cual el objeto es independiente de la observación, dando lugar al inderminismo en la mecánica cuántica.

2. Si el determinismo clásico está dado con la definición de estado mecánico, lo cual no deja de ser una convención, el indeterminismo científico consistirá en negar la posibilidad de tal definición, por no contener en sí todos los parámetros que realmente toman parte en un fenómeno. Pero, además, negará que tal definición sea posible tal como se hace en la Ciencia clásica, porque tampoco se podrán precisar simultáneamente las llamadas “variables de estado” en un sistema de puntos o sistema solar.

Lo anterior significa, que el indeterminismo se basa en el hecho siguiente: existe una constante universal, que es la constante de Planck, que marca un límite donde los errores ya no son ni despreciables ni eliminables. Por lo mismo, cuando se trata de precisar la posición y la cantidad de movimiento de un “Punto” o electrón (que por su magnitud se halla dentro de aquel campo microscópico o macroscópico donde se hace relevante tal constante), se cae en la gran paradoja de querer definir el estado de un sistema de electrones con conceptos clásicos, siendo así que los valores obtenidos no pueden reflejar jamás ni la posición ni la cantidad de movimientos originarias de los electrones, porque al observarlo se actúa decisivamente sobre el electrón o “Punto” modificando tanto su posición como su cantidad de movimiento. Ya no vale decir ni suponer lo que sucede entre dos actos de observación del “mismo sistema”. La inobservabilidad se convierte en principio o, mejor dicho, lo que sucede entre dos observaciones de “Puntos” o electrones, que son siempre observaciones de perturbaciones, sólo se puede suponer mediante un cálculo de probabilidades.

De aquí que, en suma, ya no valgan los conceptos clásicos para describir lo realmente observado en el experimento. Heisenberg dice que los símbolos matemáticos, al bajarse al campo del átomo que es divisible, no representan lo dado, sino lo posible; el mundo físico objetivo en el tiempo y en el espacio no existe; lo que es (o que es objeto de ciencia), el paso de potencia a acto, sucede durante el acto de observación científica, y lo que sucede entre dos observaciones no lo puede decir jamás la experiencia; lo que sucede entre dos observaciones sólo lo puede decir la teoría. Esto, que lo admitía también el determinista empedernido Einstein, se convierte en lema intrínseco para la Mecánica cuántica que llega a poder establecer el principio de inseguridad o indeterminación (de Heisenberg) que supone lo siguiente: el producto de las indeterminaciones para posición y cantidad de movimiento no puede ser menor que el quantum de acción de Planck. Es, por tanto, impredecible la posición, por ejemplo, de un electrón en el futuro, partiendo de un dato inicial de su posición que se sabe es el resultado de una perturbación. El objeto de ciencia, cuando se trata del microcosmos o macrocosmos, es indeterminado e indeterminable, lo cual no implica que la aparición del electrón en un lugar determinado no tenga su causa. La cosa no sería tan grave si quedara ahí. Pero resulta que tal imprecisión e inseguridad no concierne sólo al experimento, sino que está incorporada a la parte teórica. En ésta, queda incluida una dimensión estadística que no se puede eliminar.

De aquí que ya no valgan los conceptos clásicos para describir lo realmente observado en el experimento. Heisenberg dice que los símbolos matemáticos, al bajarse al campo del átomo, no representan lo dado, sino lo posible; el mundo físico objetivo en el tiempo y en el espacio no existe; lo que es (o que es objeto de ciencia), el paso de potencia a acto, sucede durante el acto de observación científica, y lo que sucede entre dos observaciones no lo puede decir jamás la experiencia; lo que sucede entre dos observaciones sólo lo puede decir la teoría. Esto, que lo admitía también el determinista empedernido Einstein, se convierte en lema intrínseco para la Mecánica cuántica que llega a poder establecer el principio de inseguridad o indeterminación (de Heisenberg) que supone lo siguiente: el producto de las indeterminaciones para posición y cantidad de movimiento no puede ser menor que el quantum de acción de Planck. Es, por tanto, impredecible la posición, por ejemplo, de un electrón en el futuro, partiendo de un dato inicial de su posición que se sabe es el resultado de una perturbación. Sería como calcular la dirección de enlaces de neuronas entre cada uno de sus “axones” o “cilindroejes” y las denominadas “dentritas”. El objeto de ciencia, cuando se trata del microcosmos o macrocosmos, es indeterminado e indeterminable, lo cual no implica que la aparición del electrón o información neuronal en un lugar determinado no tenga su causa. La cosa no sería tan grave si quedara ahí. Pero resulta que tal imprecisión e inseguridad no concierne sólo al experimento, sino que está incorporada a la parte teórica. En ésta, queda incluida una dimensión estadística que no se puede eliminar.

¿Quiere esto decir que la realidad sea indeterminada en el sentido de que reine el azar? No habrá científico serio que se atreva a decir tal cosa. Sus teorías no le dan pie para poder hacer tal afirmación. Descontando lo que decía De Broglie, que en la Ciencia se trabaja como si hubiese un determinismo estricto, se podrá decir, finalmente, que el principio de indeterminación sólo asegura algo respecto al modo de conocimiento que se tiene del mundo físico, y que el principio de causalidad, de existir, jamás podrá ser demostrado ni derrocado, tanto desde los datos proporcionados por un experimento, como desde las teorías que tratan de interpretar tales datos.

Por tanto, hay una puerta abierta para avanzar en nuestra propia dirección: “El mundo físico objetivo en el tiempo y el espacio no existe”.

¡Un cordialísimo saludo!

Marintaler
CLUB DEL EXITO
Horta, Barcelona

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