ENTRANDO EN TU MENTE

5 03 2010

ENTRANDO EN TU MENTE
– Marintaler en Nettby


TOC! TOC! ¿Se puede? Tras la puerta no sabes lo que vas a encontrar ni en qué circunstancias; sólo sospechas algo superfluamente. Antes de entrar, si nuestro sentimiento es de paz y armonía, nuestra mente anidará imágenes de tranquilidad y sosiego.

Lunes, 18 de enero de 2010, 10:48, lecturas: 32 – marintaler 52

Y así trasformamos las imágenes, y así las percibirás. Albert Einstein decía que infravaloramos la capacidad de nuestro cerebro, utilizando un mínimo porcentaje del mismo a lo largo de nuestra existencia. También es sabido que muchos experimentos se han hecho, como el laberinto de ratones o el aprendizaje de monos, pero nuestras neuronas humanas siguen allí, sin mostrarse. Es como si se sintieran tímidas. Como si percibieran timidez. Y aún así, pese a los avances de la ciencia, el cerebro es nuestro gran desconocido. Pero no siempre es así.

La ciencia lucha por el conocimiento. Ya hay un primer paso. Científicamente, el corazón ya comienza a conocerse mejor y cuando pides un deseo, tu mente lo transforma en realidad. Este proceso creativo, desde la concepción de una idea, inunda y sobrepasa cualquier parámetro en cuestión de nanosegundos. Donde sólo había una neurona, se inunda todo en imágenes de espacio, luz y creatividad. Y las imágenes se transforman una tras de otra siguiendo un proceso aleatorio, perdiéndose consecutivamente en función de tus sentimientos.

Esto siempre es así, de reflejo condicionado. Y ahora tomamos conciencia del proceso. A partir de aquí, desde esta conciencia ahora abierta, dos opciones: una, poder controlar tu mente para que sólo haga según tus deseos; dos, dejarla fluir en el brioso corcel de tu alma.

En el primer supuesto, el control, nos permite asegurarnos lo que va a ocurrir. Y nos pasamos cabalgando horas y horas sin pensar en nuestro corcel. Sin embargo, conforme entra la noche en nuestro espíritu, ya no nos podemos fiar ni de la vista ni de lo poco que en la oscuridad cada vez más profunda dejamos de ver. Pero esta oscuridad llega un momento en que es continua y los ojos se adaptan a la misma. Ves poco más allá de la cabeza del corcel, tus manos sujetan el estribo y las riendas siguen sueltas.

Entonces acudimos a la segunda opción, a nuestro brioso corcel, a nuestra alma, siguiendo con las riendas sueltas nos dejamos fluir, permitiendo que nuestra alma nos conduzca en la oscuridad. Al principio, cuando percibimos que el corcel se devuelve sobre sus pasos, en esta oscuridad tememos que el alma nos lleve por cualquier camino que no deseemos. Pero, una vez el corcel ya anda recto, nuestros sentimientos se tranquilizan, se relajan y conectamos con nuestro pensamiento llegando a pensar que el alma sabrá llegar a su destino. Confiamos. Y reconocemos que el corcel siempre ha andado por esas laderas y las conoce al dedillo.

Y en esta confianza transcurre el tiempo, que es relativo; porque no sabes cuánto va a durar el proceso desde que te perdiste en la noche hasta que vislumbres la casa donde está el establo. Aunque en ese momento no piensas en el establo para que descanse el corcel, sino en que el corcel encuentre la casa. Sigues siendo egoísta. Y pasa el tiempo. Y nunca piensas que el corcel ha estado todo el día recorriendo la finca al ritmo que tú cada vez le marcabas. Tu deseo egoísta te hace pensar, más bien, que lo has pasado fantástico durante el día. Más en tus emociones temes, ahora que es noche cerrada.

Son sentimientos contradictorios, a la vez temes, a la vez confías. Y cuando por fin vislumbras la casa, tu corazón se relaja. Sigue siendo un reflejo egoísta que tu mente antes no reconocía hasta ahora, cuando el corcel ha salvado la situación y le agradeces con unas palmadas seguras en su cuello. Y cuando por fin llegas a casa, primero se ocupan del corcel. También te atienden, y toda la historia queda entre tu corcel y tú. Pero hubieras podido evitar ese sentimiento de egoísmo, mostrando tu agradecimiento cuando más tu alma lo necesitaba, aunque confiaste en ella a pesar de tu timidez.

Uno de los principios básicos del éxito es darle rienda suelta a tu imaginación.

Un cordialísimo saludo!

Marintaler

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