Entre Tres Aguas

8 11 2014

  1. Capítulo Cuarto

Hijo Pródigo

¿Quién puede sonreír?

Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: «Mujer, he ahí a tu hijo».

 9. San Juan, 19:26

Y Jesús les dijo: «¿Acaso pueden los compañeros del esposo ayunar mientras está con ellos el esposo? Mientras tiene con ellos al esposo no pueden ayunar. Pero días vendrán en que les arrebatarán al esposo; entonces ayunarán. Nadie cose un pedazo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues el remiendo nuevo se llevaría lo viejo, y la rotura se haría mayor. Ni echa nadie vino nuevo en cueros viejos, pues el vino rompería los cueros, y se perderían vinos y cueros; el vino nuevo se echa en cueros nuevos».

97. San Marcos, 2:19-22

CXXXI.  ¿Quién puede sonreír en un mundo donde ocurren estas cosas? ¿Quién puede mantenerse alegre con una sonrisa a flor de piel, donde ocurren estas cosas? ¿Quién puede estar contento y alegre, danzar con un disco, donde ocurren estas cosas? ¿Quién puede? Si realmente llegamos a considerarnos humanos, y no lo somos, hay mucha gente que a diario se está muriendo de hambre y lo único que decimos: “No puedo hacer nada por ellos”. Y nos sentimos impotentes ante esa necesidad. Y si nos estuviéramos muriendo de hambre nosotros, ¿qué haríamos? Sólo porque tenemos un pan material nos creemos grandes cuando no lo somos. ¿Podemos quizá unificar nuestros ideales, cooperar en un bien común y hacer una Humanidad como debe ser? Pero que esta Humanidad debemos cambiarla, no puede seguir así como está. ¿Cómo es posible que habiendo tantos millones de seres que pueblan la Tierra y ninguno se preocupa por el prójimo más cercano que tiene ante sí? ¿Cómo es posible que avancemos en zancadillas y a empujones, cuando estos seres no pueden siquiera resistir un pequeño embate de la vida? ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas?

CXXXII. Procurad mentalizaros en este aspecto, procurad discernir que realmente no podemos ser felices en un mundo cruel. Porque nuestra risa es el llanto. Crujen nuestros dientes al ver allí seres demacrados por el hambre, con aquella mirada vacía, de poco sustento. ¿Es que te piden acaso una limosna? ¡No, te piden vivir! ¿Y qué haces tú? ¿Levantas latigazos a sus espaldas para que trabajen en lo que nunca podrán trabajar: vivir, precisamente? ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? ¿Y a esto llamamos Humanidad? ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? Si aquel ser podría ir como tu hijo a la escuela y sonreír ante el maestro que le enseña, y podría correr y revolotear por todas partes. ¿Pero qué hace? Ve morir a sus hermanos, a sus hermanas, ve morir a su familia entera y toda, demacrada por el hambre, por la misma circunstancia. ¿Y qué hacemos? Simplemente cruzarnos de brazos, sentirnos impotentes, acudir al cine, alguna diversión, escuchar música, relajarnos… ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? Yo no puedo sonreír en un mundo donde ocurran estas cosas. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? ¡Si al Cristo le crucificaron, y era el Hijo de Dios! Vino a salvarnos, a ser la salvación del mundo y lo único que se les ocurrió fue escarnecerlo, burlarse de Él, escupirle la cara, lavar de latigazos sus espaldas. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas?

CXXXIII. Y ahora creamos un simbolismo de Él. ¡Pero no vivimos de acuerdo a sus enseñanzas!  Porque no queremos comprometernos a fondo. No queremos decir: “Todo esto es nuestro, nada es mío”. Y hacerlo un hecho en nuestras vidas. No. Vamos como esa misma barca, ya sin timón. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? Cuando de por sí, siendo seres inteligibles que pueblan este planeta, ¿por qué no se ayudan unos a otros? ¿Por qué no dan su pan al necesitado, lo comparten con él?

CXXXIV. ¿Qué preferimos entonces? ¿Comprarnos un televisor a color esta vez? ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? Y os creéis grandes y os creéis fuertes. ¿Pero fuertes y grandes en qué? Si sois vacíos y sepulcros blanqueados. “Me confesáis con los labios, pero vuestro corazón está lejos de mí”. Siempre andamos por ahí dando grandes voces rezando un Padrenuestro, pero de boca para fuera; de corazón, nada. Porque sabemos, que en concreto, el Padrenuestro nos compromete. Porque sabemos que es un Padre nuestro que está en los cielos, no aquí en la Tierra. Mientras queremos nosotros un Padre nuestro terrenal, queremos ídolos, seguir ídolos. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? No queremos santificar el nombre de Dios por encima de todo, sino servimos a dos señores. Y esto no es así. O eres de Dios o no eres de Dios. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? Y sin embargo, queremos que el Reino de Dios venga a nosotros. ¡Claro! ¡Encima! Encima queremos que el reino de Dios venga a nosotros. ¡Ah! ¡Que se haga Su Voluntad, claro; y no la mía! ¡Claro! Sí, sí… Él, que se apañe. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? Y el pan…, el pan lo queremos diario y cotidiano, pero de panadería; no queremos el Pan espiritual de salvación. No, porque claro, nos compromete. Nos compromete. Y no lo queremos ni hoy ni nunca, no; nada: a mí comer y beber, y ya está. Ya con eso tengo suficiente, tengo bastante, mira no me estoy muriendo de hambre. ¿Qué los demás se mueran de hambre? ¡Muy bien, mira, pff! Total… ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas?

CXXXV. ¿Y qué le decían a Cristo? Baja de la cruz, tú; ¿no eres acaso el Hijo de Dios? ¡Baja, venga, va! Eso le decían: “Baja de la cruz”. Y parece que todavía hoy estuviera allí en la cruz, clavado. Cuando realmente está en el seno de Dios. Él subió a los cielos. Fue Dios quien le resucitó. Claro, nos consideramos humanos; ¿eh? Eso sí, mira, sin lugar a dudas… Fantástico… Fantástico… Fantástico. Y que nos perdone nuestras deudas, ¡oh sí! Venga, pongámosle una zancadilla a éste, nos reímos y después le pedimos perdón. Hombre, y claro, nos tendrá que perdonar, ¿no? Porque, claro, según su forma de… ¿No? ¡Pues nos tiene que perdonar, claro! Eso sí, claro, hombre. Sí, sí. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? Y, por favor, por favor, por favor no nos dejes caer en tentación, ¿eh? y líbranos de todo mal, sí, sí, por favor, por favor. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? ¿Cuáles son nuestras obras para merecer todo esto? ¿Tenemos en realidad obras? ¿Qué son nuestras obras? ¿Ir al cine, divertirnos, hablar de la vecina? ¿O qué, en realidad? ¡Ah, pero en mi casa, mira, todos somos perfectos, eso sí, ¿eh? En mi casa, mira, Somos los más originales de todos los originales… O sea… Eso no… No tiene vuelta de ojo y tú sabes que esto no… ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? ¡Cuando ni siquiera dejáis vivir! Inmolando se destruye. Recibís la palabra y la desecháis. Mira, sí, de momento, aquí “pá pasar el rato y ya está; pero después que no nos vengan con cuento, o sea… ¡Está clarísimo!” ¡Y, mientras tanto, aquellos seres muriéndose de hambre! ¡Muriéndose de hambre!

CXXXVI. Ver allí, a aquellos seres, sus cuerpos demacrados por el hambre, la oxigenación le llega con dificultad, el corazón bombea con deficiencia y la desnudez está por todas partes de esos seres, muriéndose de hambre.

CXXXVII. ¿Y qué decimos, mientras? “Es que la solución no está en mí; la solución está en otras personas que estén más capacitadas que nosotros”. Y siempre le echamos la culpa al de al lado. ¿Cómo es posible que ocurran estas cosas? Cuando, en realidad, no podemos ver más allá de nuestras frentes. Encontrad vuestro camino. Pero el vuestro.

CXXXVIII. Ahora estáis confundidos, pero no importa. Es a la oveja descarriada la que Dios busca. Es la oveja, que trayendo consecuencias malogradas, partiendo en terribles distancias que acomete su frente, obsequiando fibrosas manzanas de un atardecer, mientras corroe lo malévolo y lujurioso. Pero nada de esto quedará. Porque la Humanidad pertenece enteramente a Dios. Sólo a Dios, única y exclusivamente a Dios. Es una Humanidad que recorre amplios mundos y nunca los mismos. Completamente está esa madura Humanidad saturada de paz, dicha y gozo, en un mundo sin tinieblas. Avanzada va la Humanidad en un laberinto vital. Creer en esta Humanidad es dar un paso decisivo y muy importante en nuestra vida. Profundizad en este aspecto. Enviad siempre buenas fuentes. Que vuestro corazón nunca se aparte del bien. Obrad siempre el bien en vuestros corazones y seréis felices. No creáis que la felicidad la encontráis en bienes materiales, en comprar “x”, “y” o “z” cosa, sino que la felicidad la encontramos siempre en aquellos universos fantasmagóricos. Unos universos que están comprendidos en infinitas partículas que van desglosando el aire a su  alrededor y compenetra todo su Amor. Creer así, es ahora muy especial. Cree que serás salvo y lo serás; cree solamente en esto, mentalízate, considera que tu misión en la Tierra es muy importante. Es muy importante. Muy importante. Muy… Considera que tu misión en la Tierra es muy importante. Considera ahora que estás en el Ser, que todo tu Universo es el ser que respira Amor, Dicha, Gozo, Paz. Mucha Paz. Cada vez más Paz. Sólo Paz. Paz. Respira ese aire saturado de paz. Concentra todas tus energías por conseguir esa paz. Ahora encaminada va la Humanidad por un verde paisaje, concretamente verde y hermoso paisaje. Allí va la Humanidad, caminando, como sobre nubes, un paso tras otro paso. Y siempre verde el paisaje. Muy verde el paisaje. Cada vez más verde y más frondoso. Más verde y más frondoso. Más verde. Muy verde.

CXXXIX. Concentrémonos en este color: el verde. Y hagamos de nuestra circunstancia la parte más necesaria de nuestra vida: respirar. Respirar. Hondo. Cada vez más hondo. Es más hondo. Absolutamente cada vez más hondo. Más hondo cada vez. Respirar. Respirar. Res-pi-rar. Ahora, muy tranquilos y muy relajados nos iremos a nuestras casas y olvidaremos todo cuanto ha sucedido aquí. Tendremos en nuestro recuerdo la imagen de paz y solo lucharemos por esa… Traeremos a nuestra memoria todas las cosas buenas de nuestra existencia, crearemos el hálito de Vida.

CXL. Y ahora, concentrados completamente en lo que son aquellos frondosos árboles de nuestra existencia, procuremos que el futuro sea mejor, tratemos de hacer de nuestra vida un aspecto muy importante. Eliminemos ciertas nubecillas que revolotean a nuestro alrededor y nos deja entrever la luz que realmente Cristo nos da. Así que, confiados ahora en esa paz que Jesús prometió a todos los seres humanos, empecemos a construir verdaderamente ese divino tesoro: la sabiduría.

CXLI. Esa sabiduría que no es más que una perla muy preciosa hallada en el fondo de un océano. Pero que esa sabiduría la tenemos allí, precisamente. Está dentro de nosotros y es la que cultivamos, y es la que nos da Cristo a través del inmenso Universo. Pensemos que el Universo fue creado por Dios, que el Universo no es Dios. Que el Universo, al ser creado por Dios, Dios ha de ser mucho más grande que ese inmenso Universo. Y si el Universo es Infinito e infinitas sus Partículas, pues Dios ha de ser aún mayor, pues es el Fabricante de ese Universo: sería Infinito de infinitos. Y al ser el fabricante de ese Universo, de ese inmenso Universo, que realmente marcha en armonía todas sus partículas diseminadas por el espacio, un espacio que respeta nuestro paso a través del tiempo, porque dejamos nuestra huella en el tiempo. Encontremos ahora en ese inmenso Universo la paz que Cristo una vez nos dio. Porque, de todas las Galaxias enteras que existen hoy en día, que apenas empezamos a comprender en este actual siglo XX [1], son apenas pequeños granitos de arena en un arenal. Encontremos que Dios es Inmensamente Grande, que en Dios todo es posible; mientras que en nosotros no es nada posible. Que Dios realmente es El que hace las cosas. Que no seamos nosotros los que pensemos, los que actuemos, los que queramos hacer las cosas; sino que sea Dios, precisamente, El que nos haga pensar, El que nos haga hablar y decir las cosas, y El que nos haga transcurrir por una vida de paz, dicha y gozo. Ahondados ahora en esa esperanza, procuremos que sea Dios el que obre en nosotros a través nuestro y que sea Dios El que realmente manifieste Su Obra. Porque Él es el Único que lo puede hacer.

CXLII. Realmente, si nosotros nos entregamos a hacer la tarea de Dios, en principio nos queda muy difícil porque es una tarea muy grande. Mentalicémonos de que esto, precisamente, es algo muy pequeño lo que nosotros podemos obtener, pero que en nosotros existe la semilla del grano de mostaza que es capaz de hacer vigoroso el árbol, para que las aves del cielo aniden en él. Que esas aves del cielo sean nuestros pensamientos, que aniden en el árbol frondoso de Cristo.

[1] El siglo XX, en el que fue escrita esta obra.

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