El dinero es una emoción [Coaching Financiero]

4 12 2016

El dinero es una emoción

Robert Kiyosaky

GESTIÓN EMOCIONAL DEL DINERO

En su libro “Incrementa tu IQ Financiero. Sé más hábil con tu dinero“, Robert Kiyosaky descubre que el dinero es una emoción.

En este sentido, al ser el dinero una emoción, el dinero puede gestionarse como cualquier otra emoción.

La gestión emocional es un proceso natural al que podemos acceder por nosotros mismos. Abarca la elaboración de un proceso, consciente o inconsciente, de aproximación a nuestras emociones desde el no juicio con el fin de integrar su significado a lo que somos y orientar nuestra acción presente y futura en un sentido más pleno (“¿Qué es emoción emocional?“, Indira Benito).

EMOCIONES FINANCIERAS [CULTURA FINANCIERA]

“El control de las emociones en las operaciones financieras es casi el 90% del éxito”

Entrevista a Jordi Pumarola, socio fundador de Financial Life Planning Institute en el suplemento “Economía y empresa” del diario Cinco Días

MIEDO AL DINERO [CROMETOFOBIA]

El bloqueo emocional al dinero permite que se escurra entre nuestras manos. El miedo es algo normal en nuestras vidas al provenir de nuestras experiencias, sentimientos o sensaciones negativas de nuestra existencia.

Con lo cual, cuando gestionamos esas experiencias negativas, esos sentimientos negativos o esas sensaciones negativas que hayamos podido tener con el dinero en el pasado, logramos averiguar la causa de que el dinero no se quede en nuestras manos. Y así, conforme a la gestión realizada, esto es, etiquetar el miedo, gestionarlo y hallar un cauce o camino de solución, logramos desentrañar ese cimiento de  miedo al dinero que no nos deja progresar.

Durante mi infancia tuve la fortuna de crecer en una familia con dinero. En mi infancia, vi que el dinero no ayudaba a todos los pobres a pesar de los esfuerzos que mi familia ponía para ello. Pronto me di cuenta, a la edad de siete años, que alrededor mío también había pobres nada más doblar la esquina de mi casa. Pobres ciertamente ricos, porque los pobres que piden limosna en un barrio rico son menos pobres que los que la piden en un barrio pobre. Así, al cruzar la esquina, me topé con un anciano que dos veces había visto que pedía limosna y me acerqué esta vez.

Una vez estuve frente al anciano, le pregunté: “¿Qué te ha traído el Niño Dios?“. A lo que el anciano, mirándome a la cara, me contestó: “Un año más de vida“.

Esta respuesta del anciano me impresionó. Sobre todo, al ser dada por un anciano a un niño de siete años de edad.

Entonces comprendí que el dinero no era lo importante. Que habían otras cosas aún más importantes en la vida, como el hecho de estar vivos.

Profunda sabiduría la que me transmitió aquel anciano desde mi infancia. Mi actitud ante el dinero cambió.

Y al ver que mi familia era rica porque manejaba mucho dinero, entendí falsamente que mi familia no era importante.

Con lo cual, me di a la tarea de crear mi propio dinero, al margen del dinero de mi familia.

O sea, por una parte no creía en mi familia porque tenía dinero; y, de otra, quise emular a mi familia para conocer por mí mismo qué significa tener dinero.

Al anciano no lo volví a ver más, después de haber hablado con él. Pero, casi en la misma altura de esa calle me encontré otro día ofreciendo sillas playeras que yo mismo podría fabricar con mis propias manos. ¡Tan sólo tenía siete años! En ese momento, un señor maduro que por allí se encontraba quería que hiciera las sillas delante de él. Le dije que le traería la silla, pero que no le mostraría cómo la hacía. No hubo trato.

La primera experiencia como fabricante de mi propio dinero fue la responsabilidad y no dejar que algún cuervo me quitara la idea de obtenerlo.

Las sillas se vendieron todas y más adelante, hacia los doce años, fabricaba carteras y correas de cuero con unas herramientas. Me di cuenta entonces que las herramientas hacen más productiva tu creación. Sólo tenía que seguir unos parámetros en aras a mi creatividad sobre el uso de las herramientas para obtenr los resultados deseados.

Esta actividad en mi infancia, me llevó a crear mi propia empresa jurídica en mi madurez. Aunque me capacité con los mejores del sector jurídico en Barcelona para gestionarla, cometí un error. ¡No sabía gestionar una empresa!

Mis experiencias de niño sólo me capacitaron para crear y ofrecer mi creación.

Es cierto que algo de gestión de empresas sabía o conocía, pero no lo suficiente para catapultar mi empresa jurídica a otro nivel. Tenía conciencia de ello y, aún así, me arriesgué.

No me fue mal. Fue mucho lo que aprendí.

Pero una nota que dejó caer uno de los formadores del más alto nivel en el campo jurídico, sobre lo que vendría a Europa tras la explosión de la crisis en Estados Unidos, me hizo actuar de forma precavida.

Recogí mis bártulos y esperé a que pasara la tormenta.

Una vez pasada la tormenta, que aún no acaba de consolidarse y antes que volvieran a verse grúas en la ciudad como ahora como síntoma de recuperación económica, me lancé a un proyecto que entiendo que es lo mejor que me ha podido pasar.

¿Por qué te cuento todo esto?

Te lo cuento, no para que hagas lo mismo que yo. Porque eso no tiene mérito ni sentido, si no nace de ti todo aquello que quieres hacer.

Te lo cuento, para ilustrar con mi vida lo que te quiero transmitir: En la vida, a veces el miedo irrumpe nuestras vidas; pero hay que seguir adelante.

Si yo no hubiese avanzado, aún estaría vendiendo sillas de playa que yo fabricaba. Pero algo dentro de mí me decía que siempre hay un futuro mejor. Algo dentro de mí me marcaba que es posible un mundo nuevo, si te lo propones. Algo dentro de mí me decía que continuara avanzando.

Es cierto que ahora tengo el respaldo teórico-práctico del funcionamiento de una empresa y me hallo más optimista acerca de los resultados que puedo obtener. Atisbo una posibilidad. También sé que queda mucho por hacer, pero la clave está en el equipo.

Si tienes un buen equipo de trabajo, incluso mejor que tú cada uno de ellos, puedes optar a aprender de ellos. Esforzarte lo suficiente y modelar lo que sabes. Si algo hay que siempre me ha ayudado, es saber que no sé nada; y que tengo mucho que aprender; y que, además, es en el aprendizaje donde comienzo a descubrir cosas nuevas, de aquellas que te hacen vibrar, como el descubrimiento que hizo Kiyosaky al comprender que el dinero es una emoción.

Y aquí quería llegar: Tengas o no miedo al dinero, lánzate. Pero lánzate con conocimiento de causa. A mis años, he adquirido una sólida formación financiera, incluso sobre bolsa de valores. Pero mi consejo no es que pruebes con la bolsa de valores, que a mí me han dado resultado cuando nacieron en España aquellos valores que aún no habían sido regulados como sí se hacía en Estados Unidos con el Nasdaq. En mi opinión, no es momento de invertir cuando sube el petróleo. De hecho, no he vuelto a invertir después de ganar en la bolsa, porque comprendí que ese sistema es como las “tragaperras”, que piensas que por más invertir más ganarás. Tampoco tuve un agente de cambio y bolsa para esa inversión ni había tomado ningún curso sobre valores. Mi único conocimiento al respecto era haber experimentado con el cambio del dólar y poca cosa más, como los fondos de inversión y los planes de pensiones. Ya no invierto en ninguno de estos valores.

Ahora sé que hay otros valores, los del ser humano, que son aquellos principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de comportarnos como personas. Estos principios y valores, estas creencias fundamentales del ser humano, nos ayudan a apreciar al verdadero valor de la vida. A elegir unas cosas y renunciar a otras. A llevar a cabo un comportamiento en lugar a otro. A reaprender constantemente, mucho más en la era de la información a la que nos adaptamos. Si las personas que vivieron la era agraria no se hubiesen adapatado a la era industrial, no se hubiesen posicionado como industriales que se iniciaron como aprendices. Seguimos siendo aprendices.

Personalmente, según mi experiencia, mis conocimientos de Coaching, Inteligencia Emocional, Programación Neurolingüística y Liderazgo Profesional y Empresarial me han marcado las pautas para recibir las formaciones que me llevan a desempeñar los principios y valores dentro de una empresa con esencia familiar, donde todos se comportan como una familia, donde todos ayudan a todos, sin importar tu condición social, económica o laboral.

A veces en la vida vale la pena renunciar, para abrirse a otros retos.

¡Un cordialísimo saludo para todos y para todas, desde el respeto hacia el respeto!

Gracias por leerme.

Marintalero

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