Deja que los demás cometan sus imperfecciones

16 12 2016

alexander-fleming

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MUNDO PERFECTO MUNDO IMPERFECTO

Nos pasamos media vida cometiendo imperfecciones y la otra media corrigiendo las imperfecciones de los demás

En un mundo imperfecto como el nuestro, queremos que todo sea perfecto; pero no admitimos nuestras imperfecciones: son los demás los imperfectos, nosotros no. Pero los demás nos ven imperfectos y desean corregir nuestras imperfecciones por algo que ellos creen que es perfecto, algo así como un mundo perfecto.

Creo que, si queremos ser un poco más perfectos cada vez, es necesario reconocer nuestras imperfecciones y admitir las imperfecciones de los demás, eso es, dejar que los demás cometan sus imperfecciones: ¿Cómo, si no, pueden corregir sus imperfecciones? Si los demás son capaces de corregir nuestras imperfecciones, ello significa que pueden corregir sus propias imperfecciones. Y si corrigen sus propias imperfecciones, entre todos corrigiendo nuestras propias imperfecciones, conseguiremos un mundo un poco más perfecto.

Considero, por tanto, que no hay que corregir a los niños con nuestras imperfecciones. Sino, más bien, mostrarles con nuestro ejemplo cómo se puede hacer de otra forma, indicándoles que no hay una única manera o forma de hacer las cosas. Todo este lastre que nos ha dejado el siglo XX con su látigo a nuestras espaldas para poder vivir, se transforma en un mundo más humano. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que, entre todos, conseguiremos un mundo más perfecto cada vez. Hoy nuestros niños nos enseñan: vienen con todo bajo el brazo desde su más temprana edad. Así vemos a niños que dominan la informática, en tiempos en que a los mayores les cuesta asistir a cursos de formación.

Ilustramos con un ejemplo o una historia: con Fleming, el descubridor de los antibióticos. Esta historia es un claro ejemplo de cómo siguiendo nuestras imperfecciones logramos la perfección. Alexander Fleming, Sir Alexander Fleming, como buen científico, era muy descuidado. Así que, un buen día, se olvidó de almorzar. Y se fue para su casa. Al día siguiente, descubrió el bocadillo en la mesa de trabajo de su laboratorio donde investigaba. Y fue su curiosidad, su imperfección, la misma curiosidad con que se asoma un niño al mundo imperfecto, en que Sir Alexander Fleming descubrió que en su bocadillo había hongos. Comenzó a investigar con el microscopio y otras pruebas químicas el comportamiento de dichos hongos que habían aparecido o germinado en su bocadillo durante la noche anterior. Investigando, extrajo de los hongos la penicilina. El resto, es historia.

Queremos decir, que a veces es necesario apartarnos de los cánones de la vida para lograr algo que sea útil, para que los demás vivan un mundo mejor. Es hora de descubrirnos que somos imperfectos y que, tratando de mejorar nuestras imperfecciones, mirando otras formas de hacer las mismas cosas, es como conseguimos un mundo mejor.

¡Desde el respeto hacia el respeto, un cordialísimo saludo para todos y para todas!

Marintalero

http://marintalero.wixsite.com/ricardo-marintalero

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